Callejón sin salida, pozo sin fondo.
Las grietas de las casas vetustas.
Los grillos y las primaveras encendidas.
Caminando por las sendas abiertas
los vacíos terrenos de la vida
me encierran en su capa
de polvo de estrellas amantes
tan lejanas…
siempre tan lejanas.
Quedándome conmigo
oigo, escucho, atiendo a mi propio pensar.
Tan sólo eso,
tan solo…
La lluvia y el viento dando en la ventana,
las persianas golpeando los cristales,
una vez, dos, tres…
Los ruidos de los coches que pasan
por la calle apretada, comprimida en asfalto.
El water sonando su melodía, goteando.
clis-clas, clis-clas, clis-clas, clis…
Del libro de poemas “Mar melancólico”
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