¡Clavando, se va clavando!.
En el cristal arde la llama hasta hincarse
y los tambores de la selva cambian su voz
hasta pronunciar tu nombre,
el nombre maldito de su llanto.
Camina la sed, todo lo abrasa,
pero los tambores de la selva siguen tocando.
Tum-Tum, ¡Anabel!, Tum-Tum, ¡rosa de vientos!
¡Clamor de pasiones que mataron a tantos!
¡Locura de amor!, hazme preso de tu calor
en este día de abril mojado
en que los tambores tocan tu nombre, ¡Anabel!,
¡No me dejes con el deseo en los labios!.
Del libro de poemas “Enfermo de amor”
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