En una nube de fuego
está ardiendo la aurora.
Los sueños perdieron su color
en el país de las lunas.
La mar enrabietada y gris
despedazó a los barcos errantes.
En la negra noche un rojo azulado
inundo la vida de las mariposas.
El viaje a ninguna parte
se vió en un día de tormenta.
Los pedazos del puzzle
se juntaron en la calle.
El amor de primavera
se despidió del presente.
El juego acabó rodando
en la ruleta de un deseo.
La vida claudicó al compás
de la muerte en vida.
Los ojos se cerrraron
para contemplar una herida.
La herida del amor
no cicatrizó al viento.
Tal vez sólo fue un sueño,
pero tan real como la vida.
Tal vez no haya más que silencio
y la muerte sea mi compañera de viaje.
Del libro de poemas “Un sueño adonde acudir”
6 febrero 2012 a las 11:39 |
Me recuerda este poema unos versos que se me ocurrieron a mí hace ya mucho tiempo: en Úbeda, estudiando magisterio, allá por el 69 ó 70. Aquí, como en general en todos los poemas de Jose Luis, no deja de sorprenderme su imaginación.
Por lo demás, yo no seguí haciendo poesía surrealista más allá de mis años de juventud. Y he leido muy poco al respecto. Personalmente me inclino más bien por los poemas narrrativos (Borges en el corazón y en la memoria, Pessoa, Cavafis), que con frecuencia también expresan anhelos de amor.
6 febrero 2012 a las 18:22 |
Hola, Antonio, esté poema trata de la soledad y de la búsqueda de un amor que al final no se encuentra, por eso al final de esa búsqueda sólo queda la muerte como compañera de viaje de todo el mundo, porque nacemos para morir y el ciclo continúa con nuestros hijos, nietos, etc si los tenemos. Espero que te haya gustado la poesía. Un abrazo de José Luis.